Una de las premisas que todo empresario ha de conocer para tener éxito es que para lograr lealtad en los clientes, es importante ganarse la fidelidad de los trabajadores. Las ventas son el presente, pero el servicio es lo que crea un futuro prometedor. Lograr cliente leales implica, por tanto, generar trabajadores leales.

Los trabajadores se convierten así en clientes para el propio empresario y son una suerte de reto que bien vale un esfuerzo. Y así, de la misma forma que es más difícil mantener un cliente fiel que crear uno nuevo, es más difícil mantener a un buen empleado que encontrar a otro.

Todos hemos oído hablar de la fuga de cerebros entre países, pero también existe la fuga de cerebros empresarial. Pocas son las organizaciones que, fuera de sus sistemas piramidales, no han dejado escapar a la competencia a un cerebro que despunta por no saber cuidarle como se merece

No se trata, de todos modos, de una prevención de riesgos por si el empleado decide irse, sino de generar un proceso de satisfacción que repercuta en el liderazgo de la empresa y expresar al trabajador qué es lo que hace única a la organización y qué es lo que hace que él sea un actor protagonista indiscutible. Hay que mostrar las cualidades y el por qué el puesto es un valor de futuro, no demostrar qué es lo que los demás tienen de malo. Hay que valorar, premiar y satisfacer.

Conseguir los mejores clientes es un paso importante para hacer crecer a una empresa. Por eso, el camino para llegar a ese punto es contratar y conservar a los mejores empleados, quienes, a su vez, mantendrán el negocio atractivo para los dueños, inversionistas y los propios clientes.

Así lo dice Tamara J. Erickson en la revista Harvard Business Review: “las empresas con empleados altamente comprometidos articulan sus valores y atributos mediante experiencias distintivas, elementos visibles y distinguibles del entorno laboral que envían mensajes poderosos sobre las aspiraciones de la organización y sobre las habilidades, energía y compromiso que necesitarán los empleados para tener una carrera exitosa en la empresa”.

Es como una receta a fuego lento. Existen ciertas acciones que conducen a la generación de un cliente leal: identificarle, reconocer los atributos que son importantes para él, detectar las oportunidades de mejora en el proceso que se realiza y asimilar los elementos que afectan a los atributos importantes. Todo apoyado en dos pilares: una cultura enfocada al cliente y un sistema de recuperación cuando se detectan problemas reales.

Muy pocas empresas han conseguido esto y es fundamental que se mantenga generando fuerzas de trabajo comprometidas y productivas. La fórmula es sencilla para las empresas que lo consiguen. Buscar a los empleados potenciales tan metódicamente como lo hacen con los clientes; moldear sus experiencias distintivas en función de sus necesidades de negocio; identificar y conservar sus historias, problemas y necesidades; crear procesos consistentes con sus experiencias; y comprender que no deben tratar de ser todo para todas las personas.

La mejor estrategia para salir victorioso en la guerra por el talento no es ponerlos a todos en el punto de mira, sino atraer a las personas adecuadas, aquellas que están entusiasmadas por el ambiente que ofrece la empresa, y a las que se debería recompensar por su lealtad.

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