Lograr perder el miedo a ir al gimnasio y que implique cambios en nuestra salud, físico, ánimo y en la idiotez de pagarlo y no ir corre solo por nuestra cuenta.

Tendremos mucho hecho si nos convencemos de:

  1. Es normal ir al gimnasio los primeros días y salir asqueado y no completamente contento.
  2. Es normal estar gordo o no estar como queremos e ir al gimnasio. Uno de los principales motivos por los que alguien va al gimnasio es para cambiar. E ir es un auténtico logro, no algo malo.
  3. Es normal que otros estén mejor físicamente, pero es más que probable que cuando estaban en el punto que estabas tú, tuvieran la fuerza de voluntad necesaria para volver y acabar mejorando.
  4. La gente no estará pendiente de ti y de si haces algo mejor o peor. Lo máximo que podrán hacer es ofrecerte ayuda. Y todos han estado igual o peor que tú al principio de ir al gimnasio, pero fueron constantes.
  5. Nunca lograrás una meta si no te pones un plan para conseguirla.
  6. Todos los que estén en el gimnasio están allí porque quieren cambiar algo y progresar y quien esté allí sabe que el resto están por el mismo motivo.
  7. Este cambio implica un proceso y justo no hacerlo es lo que provocará que volvamos a estar a disgusto.

Lo habremos conseguido si:

  1. Salimos del gimnasio contentos y con un subidón.
  2. Estamos deseando volver.
  3. Vamos por salud mental y física además de por vernos más “cachas“.
  4. No estamos pendientes del resto de la gente y de qué pensarán de nosotros.
  5. Tenemos claro que estamos en el gimnasio por nosotros y que si volvemos los cambios llegarán, sin duda.

Cómo disfrutar yendo al gimnasio

Si tienes claro que yendo vas a cambiar seguro, tienes la mitad del camino hecho.

Además, una de las grandes ventajas de apuntarse al gimnasio e ir es que los cambios empiezan pronto y si eres constante, el premio es enorme. El castigo y arrepentimiento llega cuando dejas de ir al gimnasio y piensas lo que hubieras hecho todos los días, meses y años que has faltado.

  1. Ten claro cuáles son tus objetivos.
  2. Móntate una rutina que te guste y sea realista. Lo importante es poder ser regular y adquirir el hábito.
  3. Ve al gimnasio sin pasar por tu casa. Es decir, ve antes de ir a trabajar y luego ve desde el gimnasio al trabajo, o bien ve a mediodía si tienes tiempo o antes de ir a casa al salir del trabajo. Pasar por tu casa antes de ir al gimnasio siempre es sinónimo de “lo dejo para mañana”.
  4. Elige un gimnasio con luz y donde se nota que se renuevan las máquinas y hay cierto interés por los clientes después de haberse apuntado y pagarse la cuota.
  5. No evites usar una máquina porque no sabes cómo funciona y te da corte preguntarlo. Prueba a preguntar a alguien que la esté usando o a un empleado. Verás que el resultado no es el que esperabas… y te contestarán sin morderte.
  6. Tu enemigo eres tú mismo, no los demás. El beneficio es solo para ti.

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